2001 El camino del alma

Esta intervención se desarrolla en un espacio que cuenta con una escalera como la protagonista que une cuatro pequeñas salas. En la planta baja, el espectador se encuentra con un afiche, un plano y un pequeño texto, una banda sonora que combina man... Mostrar Más

Imagen proyectada y espejo en el piso superior de la instalación

Del Sótano al cielorraso

Desde acá arriba: ¿todo se ve más claro? Tal vez ver no sea lo más importante en esta obra, ya que consiste en una experiencia que va más allá. Este más allá que intentamos descifrar a partir del contacto que tenemos con lo que nos rodea. Los sentidos en su conjunto conectan desde la física y la química a nuestra alma con el entorno y con otras almas que se encuentran en la misma búsqueda. Por esta razón se desarrollaron miles de saberes desde la filosofía, la matemática y la religión que se combinan con otros como la arquitectura para fundar verdaderos templos que nos ponen físicamente más arriba. Pero, ¿estar más arriba es lo mismo que elevar el alma? Desde que el hombre inventó el techo como límite entre el cielo y la tierra, los cielosrrasos confunden a la mayoría, que termina creyendo que el cielo es un lugar lejano en el espacio y de difícil acceso. Curiosamente, son pocos los que ven lo obvio: vivimos rodeados por el cielo. El cielo atraviesa constantemente los espacios arquitectónicos y todos estamos en contacto permanente con él. Esta idea nos plantea como elementos físicos y espirituales dentro de ese contexto. El cuerpo entonces también actúa para separar nuestra alma de ese espacio infinito. Estos conceptos pueden estar vacíos o llenos de acuerdo con la fe de cada uno. Así, un espacio infinito como es el cielo, puede funcionar como un paraíso perfecto en el que se funden todas las cosas, o como un infierno, caótico en el que nada tiene límites y todo es difuso.

Invitación para la muestra

Plano de la intervención